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Tres Medias Verdades sobre “lo políticamente correcto”

Por_szlea

Photo by Shawn Zehnder Lea, on Flickr

Hace ya algunos años que, desde varios frentes, más frecuentemente desde los medios de comunicación y desde política moderna, se nos ha estado “predicando” un nuevo mensaje de tolerancia, armonía, paz, amor, etc. Y todo ello servido en una abundante salsa de pensamiento Políticamente Correcto.

Me encanta la idea de que vivamos en armonía y que nos toleremos mutuamente, en paz y amor, que vivamos y dejemos vivir, pero si embadurnamos todo eso en una sistemática conducta “políticamente correcta”, lo que estamos haciendo, en realidad, es fomentar el desarrollo de una sociedad hipócrita, artificial e irreal, donde la gente dice solamente lo que cree que los demás quieren oír, y donde hay temor a expresarse con libertad.

Os indico tres razones (medias verdades) que hacen que me oponga a la filosofía de lo Políticamente Correcto:

1 – Ser políticamente correcto es algo positivo. Somos adoctrinados, cada día, y de forma más o menos sutil, con la enseñanza de que ser políticamente correctos es algo positivo. Lamento decirte que eso es sencillamente una media verdad.
Todo el mundo debería tener como una de sus principales metas el llegar a ser considerados por los demás como una persona correcta (sin más), y no como una persona “políticamente correcta”. Si somos correctos en nuestra forma de vivir y convivir, ¿para qué necesitamos que nuestra corrección sea también política? De hecho, cuando se piensa en algo “político”, con perdón de los políticos serios (que deben ser mayoría), lo que se nos viene a la mente no es precisamente algo bueno. Los políticos, en general, están identificados con esta imagen, la de aquel que promete mucho y luego… luego las palabras se las lleva el viento… Si eres correcto en tu vida, no dejes que un adverbio (“políticamente”) de dudoso significado cambie el sentido de tu conducta.

2 – Ser políticamente correcto es ser educado. Debido a la gran presión mediática que se ha ejercido sobre la opinión pública en relación con algunos temas sensibles y polémicos (aborto, homosexualidad, sexualidad en la adolescencia, etc.), somos llevados a pensar que ser políticamente correcto es una demostración de educación, una forma de no ofender a los demás. Lamento informarte que ésta es otra media verdad.
Puedes ser educado y tener tacto, sin dejar de expresar tus reales pensamientos sobre determinados temas o circunstancias. La educación y el tacto pueden tener que ver con la forma en la que dices las cosas, no con la ocultación de la opinión o la distorsión de la misma.

3 – Ser políticamente correcto es fomentar el derecho a la libertad. Puede incluso parecer verdad que al ser políticamente correctos salimos a favor de los menos favorecidos, de los débiles, de las minorías, y fomentamos el ejercicio de las libertades. Esta es otra media verdad tan engañosa como las anteriores… Decir lo que piensas no quita la libertad de nadie. Es justo lo contrario… Si no dices lo que crees y lo que piensas, es tu libertad la que está siendo “secuestrada”. Te están poniendo un bozal y parece que no te importa nada que lo hagan.

Ahora bien, lo más llamativo de todo ello es que los gobiernos modernos están impulsando y poniendo en marcha nuevas leyes que, de alguna forma, están criminalizando la libre expresión del pensamiento.

Antiguamente era la Iglesia (en sus distintas acepciones y agrupaciones) quien ponía las pautas de conducta moral de sus feligreses, y el que se saliera de la línea era excomulgado y se ganaba una pésima reputación ante su comunidad. Hablar a favor de ciertos temas era un verdadero tabú y traía consecuencias muy negativas. Ahora se ha dado la vuelta a la tortilla; son los gobiernos y los medios de comunicación los que dictan lo que es moralmente aceptable o no, y el tabú ahora es hablar en contra de dichos temas. Es decir, los que antes reprimían ahora son los reprimidos y viceversa. Y eso, ¿qué es? ¿Igualdad o revancha?

Es bueno que se asuman y se reconozcan derechos de ciudadanía a todas las personas independiente de su raza, sexo, orientación sexual, clase social, etc. Todo el que paga impuestos y cumple con sus obligaciones como ciudadano tiene derecho a tener derechos. Pero el reconocimiento de estos derechos no se pueden construir sobre la prohibición de que los demás puedan dar su opinión. Eso no es ser políticamente correcto, sino que es forjar una censura encubierta. No podemos sacar a unos del armario para meter a otros. En cierto sentido es lo que está pasando. Al “prohibir” tácitamente la emisión de ciertas opiniones sobre temas polémicos se está forzando a que una parte de la sociedad se meta en el armario. ¡Yo me niego a entrar!

Si esto es lo que la nueva política de los países más desarrollados tienen a ofrecerme, digo: “no, gracias”. Quiero seguir fuera del armario y quiero seguir sintiéndome libre para expresar mis opiniones, teniendo la misma “visibilidad” de los demás.

También es muy curioso que los políticos que están impulsando esta nueva filosofía políticamente correcta, sean los primeros a no ser políticamente correctos en su día a día, en su ámbito de trabajo. Los de derechas y los de izquierdas se insultan mutuamente, cada día, se acusan de presuntos delitos, se enzarzan en cantidad de denuncias y “advertencias”… Y ¿qué pasa? Absolutamente nada. A nadie se le ocurre decir que los de izquierdas son “derechófobos” cuando dicen que los de derechas son de extrema-derecha. Ni a nadie se le ocurre llamar “izquierdófobos” a los de derechas cuando se refieren de forma peyorativa a la izquierda. Es decir, “haz lo que digo pero no hagas lo que hago”. Nos quieren imponer la ley del silencio en ciertos temas (en general temas de índole moral y religioso) pero en términos de política hay barra libre, se puede decir lo que uno quiera, hay libertad ideológica. Pues, deberían de aplicarse el cuento… ¿no?

Por otra parte a la Iglesia, y de la Iglesia (sea católica, protestante, etc.), se puede decir lo que a uno le venga en gana, y a nadie se le ocurre decir que el que lo dice es “eclesiófobo”. ¿A qué jugamos con esta doble moral?

Si se considera que la Iglesia (o la Religión) no puede imponer las pautas de conducta moral, ¿por qué lo pueden hacer los políticos o los gobiernos? Los políticos deberían dedicarse a los temas políticos y la Iglesia a los temas eclesiásticos. Y todos deberían tener derecho a expresar libremente sus ideas. ¿Será tan complicado llevarlo a la práctica?

Igual nada de eso te afecta, de momento, pero como dice el viejo refrán: “Cuando veas la barba de tu vecino cortar, pon la tuya a remojar”.

Y acuérdate que nos apresuramos a criticar la hipocresía de la sociedad en la que vivimos pero solemos olvidarnos que esta sociedad empieza en nuestra casa y con nuestras actitudes cotidianas.

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